Opinión

Hacia un verdadero desarrollo de personas

Piensa en el concepto “desarrollo de personas”. ¿Qué es lo primero que se te viene a la mente? ¿El nombre de un área de la empresa en la que trabajas? ¿Una de las funciones dentro de la descripción de tu puesto, ya que tienes personas a tu cargo? ¿Parte de la vocación de un docente? Tal vez pienses en algo muy distinto: En la lámina aquella donde observamos a una personas en las diferentes etapas de su vida, o en un taller en el que a través de ejercicios extraños buscan sacar tu líder interior, aún escondido.

Lo que viene a nuestra mente al pensar en un concepto cualquiera es la construcción que tenemos del mismo en nuestras mentes, producto de experiencias, interacciones, conversaciones, observaciones. ¿Cómo así llegó a consolidarse en nosotros el concepto que tenemos para “desarrollo de personas”. Sería interesante saberlo, pero más interesante aún es pensar en cómo podemos evolucionar ese mismo concepto, para convertirlo en algo que nos permita desarrollarnos a nosotros mismos.

Y es que, desde que decidimos que el desarrollo de otros es algo que sólo le compete a quienes tienen personas a su cargo, a quienes consideramos “líderes”, o a quienes tienen trabajos como “enseñar”, nos liberamos de una de las responsabilidades que, como seres humanos, debemos de asumir en nuestras vidas.

Cuando, de niño, enseñaste a otros las reglas de un juego que quisiste compartir con ellos, ¿no los estabas desarrollando? Desde entonces, una infinidad de experiencias deben haber tenido ese mismo objetivo y resultado: Desarrollar a otros.

Para quienes trabajamos en el PDI, el desarrollo de otras personas es lo que nos hace personas. Es un componente tan natural como la empatía, la motivación intrínseca o la necesidad de relaciones sociales. En algún punto de nuestra historia, de nuestras propias vidas, lo hemos olvidado, y en este afán consciente de querer ser más racionales, respondiendo a la mecánica de una competitividad poco sana – uno de los principales motores de la sociedad contemporánea – hemos olvidado este proceso, tan importante como respirar.

Queremos que eso cambie. Y estamos dispuestos a hacerlo, uno a uno. ¿Nos acompañas?

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